Dos mil sesenta

– Vení negrito, vení que te voy a comentar algo. Deja eso, deja eso un rato.

– ¿Que pasa abuelo?

– Como que pasa, vení tomemos una coca juntos ¿No queres que juguemos a la play un rato?

– No abuelo, no quiero. Aparte eso no se usa más, es viejísima.

– Como que vieja, ¿vos sabes los años que tiene esto? Es una obra de arte, se la hago limpiar a la nona Moni todos los días. Así cuando venís la podemos usar.

– Abuelo estamos en el Dos mil sesenta, tu consola tiene más de cincuenta años. Ahora se usa la realidad virtual para jugar.

– ¿Y pero el control? Con que botón pateas al arco.

– ¿Que botón abuelo? ¿Patear al arco? ¿Otra vez con ese deporte? Los controles no se usan más. Vos pensas en lo que queres hacer, y el personaje lo hace. Sin nada en las manos ¿A quién se le ocurre jugar con algo en las manos?

– Vos no sabes cómo lo manejaba yo.

– Si abuelo, me imagino.

– Dale un partido.

– No abuelo, primero que no conozco a ningunos de los jugadores esos, y segundo que no me gusta el fútbol. Hace diez años que se dejó de jugar de manera profesional. Desde que se aprobó la ley de la coherencia monetaria y el deporte empezó a ser amateur como en sus comienzos. Perdió no solo a los mejores jugadores, sino a toda la publicidad y el mercado que movía.

– ¿Cómo paso eso pibe? El mundo se va al carajo. ¿Y qué hacen los mejores jugadores ahora?

– ¿Cómo al carajo abuelo? Yo también vote esa Ley. ¡Papá no!, por que vos lo hiciste enfermo del fútbol. Pero gracias a esta ley, lo que antes se llevaba un tipo por mover una pelota con los pies, ahora se lo lleva un médico que salva vidas. Un maestro por educar y un bombero por ayudar.

– ¿Y qué paso con el Picante Asad? Ese volante de Independiente de la década pasada que con veinte años fue a la selección. ¿Qué paso con él?

– Como te dije abuelo, ahora es el cirujano Asad. Y nuestra selección, por nuestra cultura retrógrada, fue la última en desaparecer.

– ¡Mierda che! Que cosa de locos.

– Locos es permitirse lo que se permitían ustedes, decime una cosa ¿Cómo les daba la cara para decirle ladrón a un político, mientras que aplaudían a un tipo que les robaba en la cara?

– No era tan así negrito.

– Esta bien abuelo, por suerte se evoluciono mucho.

– Si… Bueno ¿que queres que hagamos?

–…

– ¿Qué haces?

– Estoy hablando con amigos.

– ¿Pero si no estás diciendo nada? Moves la boca pero no hablas ¿Te sentís bien, queres que llame a tu papá?

– Jaja, no abuelo. Este dispositivo convierte lo que digo para mis adentros en un mensaje y se lo hace escuchar a mis amigos.

– ¿Eso que tenes en el oído?

– Si.jaajajajajajjaja.

– ¿Qué te pasa?, me estas asustando. ¿Llamo a tu papá?

– No abuelo, no jajaja. Me estaba riendo por que mandaron un video gracioso.

– ¿Adonde?

– ¿Adónde qué?

– Adonde mandaron el video, ¿me lo mostrás? No sabes los videos que nos mandábamos nosotros en mi época jeje ¡Y las fotos! jejeje había una de un negro dotadísimo que no la veías hasta que la abrías jejejeje.

– No abuelo no te lo puedo mostrar, tenes que tener el dispositivo.

– ¡Y préstame el tuyo!

– No se puede, es personal.

– ¡Oh que aburrido! En mi época se lo podías mostrar a quien quieras.

– Esos aparatos no servían para nada abuelo. Se dejaron de fabricar por malos, la batería no les duraba nada, estos se cargan con la transpiración. No tenían capacidad de almacenamiento suficiente, estos, al igual que el cerebro, almacenan lo que necesita y lo que sabe que no le sirve lo desecha. Antes necesitabas pagar para llamar. Ahora eso tan anticuado no existe. La comunicación es gratuita. ¿A quién se le ocurre pagar para comunicarse?

–…

– Perdona Abuelo, pero tu generación fue la más estafada de la historia ¿Adónde vas?

– Ya vengo.

*Hola Gennaro, ¿Hijo me escuchas? Vení que tu pibe esta raro. ¿Me escuchas? ¡Gennaro! ¡Gennaro! ¡Gennaro!*


 

– ¡¿Fabián queres cerrar la boca que vas a despertarlo?! ¿¡Que mierda te pasa!?

– ¿¡Eh!? ¿Qué paso? ¿Qué hora es?

– No sé, pero deja de gritar que lo vas a despertar. ¿Qué pasa que lo nombrabas, estabas soñando?

– Soñando no, era una pesadilla horrible. ¡A ver! Fijate en tu celular que esta poronga se me quedo sin batería de nuevo.

– Dormi, tranquilizate y dormí, estas todo transpirado.

– Mónica…

– ¿Que queres ahora?

– Mañana voy a anotar a Gennaro a fútbol urgente.

– Tiene un año y medio, dormí y deja de decir pelotudeces.

– Hay que pensar en el futuro Mónica, hay que salvar el futuro.

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