De a dos.

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Yo no me crié solo, tuve de entrada no más (de entrada es antes de hacer pichi solo) un compañero. Un amigo, de esos que se te aparecen de la nada (la nada es la pansa de una tía). Ese que te enseña en un momento que uno no está preparado, que tenes que compartir. Que todo lo que antes era tuyo (mío), ahora es tuyo (mío) y de esa cosa sin pelo que llego hace pocos meses. Yo fui el primer nieto hasta que llego él. Y los abuelos también se parten. Tenes que aprender a compartir a las personas.

No hay un solo recuerdo de mi infancia en el que él, el hijo de mi tía, no esté presente. Él y yo de repente nos encontramos revolcándonos en la amistad más temprana que existe, y la más sana.

Era sano, que en nuestros años de infantil inconsciencia, nos caguemos a trompadas, que nos separen los abuelos y nos manden uno para cada lado. Era sano que nos cagen a patadas por las cagadas que nos mandábamos. En cada piña que nos dábamos se forjaba algo (además de un moretón), algo de reciprocidad. Cada vez que nos separaban y teníamos que rogar que nos dejen ver que no peleábamos más, ahí había algo de complicidad. Y en cada cagada que nos mandábamos juntos, había un aire implícito de nobleza y de hundirnos de a dos. En ese tiempo todo era de a dos.

Pero esta historia no apunta a un viaje melancólico y familiar. Tampoco tiene algo que ver que hoy, 20 de abril, sea su cumpleaños. Esto se me viene a la mente por la proximidad de un encuentro determinante en la ciudad que nos vio nacer.

El próximo fin de semana se juega el clásico en la ciudad de Rosario. Y solo los nacidos acá, comprenderán la gravedad del asunto. Una bomba atómica en una caja de zapatos hermética. Eso es el clásico para los rosarinos, nada o casi nada absorben los que no son hinchas. Queda todo acá, entre nos. En las calles, en los trabajos y colegios, en las esquinas y en las redes sociales. Un partido que no necesita publicidad ni prensa para acaparar las miradas. Por eso es diferente.

Y es difícil de expresar lo que dos personas nacidas en la misma ciudad, pero TAN identificadas con colores distintos como Él y yo, pueden llevarse así. A todos lados donde nos íbamos de vacaciones la gente, al vernos vestidos plenamente y con identificables colores diferentes, ¿Cómo hacíamos para llevarnos bien?

Y eso que era gente que no entendía la furia del clásico. Que no se bancaba cargadas al otro día en el colegio o en el trabajo. ¿Qué saben ustedes? Pensaba yo por dentro cuando nos decían eso, aunque por fuera sonreía estúpidamente. Aunque siempre le trate de buscar una explicación al hecho de que entre nosotros no haya habido jamás ningún rose. Y llegue a la conclusión de que es por esos años de inconsciencia infantil, donde alimentamos la amistad más temprana. Donde superamos todas las barreras de las diferencias y de las distintas divisas.

Uno aprende de grande las verdaderas prioridades de las relaciones, y que no te podes putear con nadie por un partido. Pero esta ciudad convulsionada que mama fútbol desde las entrañas te la pone muy difícil. Uno de grande aprende que las diferencias se tienen que respetar.

MENTIRA

Donde mires hay personas adultas peleándose por Política, por religión y por cualquier cosa. Gente que se pone por delante y habla refiriéndose a los demás desde una especie de pedestal de orgullo estúpido. Gente que defiende ofendiendo. Gente que ofendiendo se siente bien. Gente que no respeta una opinión diferente.

Y en este maremoto de vibraciones feas y súper dramatizadas.

Estas vos y estoy yo.

Como cuando teníamos menos de cinco años. Con la diferencia que ya no nos pegamos.

El compañerismo que se mama de chico es único, porque no hay recuerdo en el que yo este sin él, y donde no hay recuerdo no hay barrera.

Dos tazas de chocolatada, dos alfajores, dos pares de botines de fútbol, dos joysticks, todo era de a dos.

Mis amigos tus amigos, tus amigos mis amigos.

Un canalla y un leproso vistos juntos en Brasil, en Miramar, en Gesell y donde mierda hayamos ido.

Esto que se alimentó inconscientemente, es batería eterna. Es complot contra cualquiera que busque ultrajarnos. Es asistencia perfecta en circunstancias sustanciales.

Ser insanos en tiempos sanos, nos hizo ser daltónicos en tiempos de clásicos. Nos hizo sordos a las giladas y ciegos a los absurdos.

El tiempo nos detuvo ahí, en esas sonrisas genuinas. Porque cuando te miro ya de tanto mirarte no te presto atención.

Automáticamente visualizo esa sonrisa. Y todo vuelve a ser de a dos y sin diferencias de ningún tipo.

 

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13 Comentarios Agrega el tuyo

  1. helennakary dice:

    Hermosas y sinceras palabras. Y guapos los dos. Espero conocer Rosario algún día, tengo buenos conocidos allá.

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    1. Muchas Gracias! Ojala puedas conocerla, hermosa ciudad.
      Saludos

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  2. Poli Impelli dice:

    Aguante Rosario! 😉
    Hermosa la amistad que no tiene fin!

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  3. Querida Fabian Terrazzino,
    He pensado en ti para un premio, el Sisterhood of the World Bloggers Award.
    Un saludo,
    https://lachicadelblocdenotas.wordpress.com/2016/05/02/sisterhood-of-the-world-bloggers-award/

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    1. Se agradece enormemente!

      Saludos!

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  4. kdlevin dice:

    Una preciosidad de post. Por cierto, quizás ya lo tienes, pero he pensado en ti para el Infinity Dreams Award. https://experienciascercanasalaadultez.wordpress.com/2016/05/03/infinity-dreams-award-muchas-gracias/

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  5. Dos pibes de ley. Hermoso relato.

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  6. Saray Borge dice:

    Wow si que me hiciste recordar mi infancia.

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    1. Me alegro mucho que te hayas embarcado en un viaje al pasado con el texto. Y te agradezco el tiempo y la lectura Sara.
      Saludos 😊

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  7. Muy bonita la entrada, yo soy hija única y me ha recordado el cariño y la infancia que comparti con mis primos Antonio y Vicente, siempre junstos los tres.Un cordial saludo

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    1. Gracias por permitirme ser pasaje al lugar más lindo que hay, la infancia.
      Saludos

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