Mala praxis Divina (parte 1/2)

Noche de alcohol en Pocas Luces. Pica salió como pudo del  Bar de mala muerte y empezó a caminar en zigzag hacia la plaza del barrio donde solía quedarse hasta el amanecer. Cuando se disponía a cruzar la avenida que lo separaba de la plaza, un estruendo lo detuvo en plena calle. Una frenada, un impacto y un cuerpo.

Pica abrió los ojos. Estaba solo en un pasillo oscuro, sin ningún tipo de iluminación. Solo, al final de este, una puerta entreabierta dejaba pasar apenas un hilo de luz que lo guiaba. Desesperado giro buscando otra salida, pero no había nada. Sintió un frio que le recorrió el cuerpo. “¡el cuerpo!” le dijo una voz en su cabeza. Se tanteo para ver si tenía todo en su lugar. Y así era, intacto, vestía como hace instantes. Tras tragar saliva y aceptar lo acontecido, empezó a caminar lentamente hacia la luz.

Sus pasos retumbaban en el pasillo. Cuando no le quedaban más de diez pasos por dar, sintió alboroto del otro lado de la puerta que irradiaba una luz blanca jamás vista. Dos voces o más, discutían acaloradamente.

“Déjame hablar con él” vociferaba una voz gruesa y masculina.

“¡No está!, no está en este momento, mándale un correo, ¡basta! por él te lo suplico” imploraba una voz femenina.

Pica se apoyó sobre la puerta sin hacer el más mínimo ruido y trato de mirar por el pequeño espacio que dejaba la abertura abierta.

Diviso a una mujer gorda, muy gorda con un vestido suelto. El pelo negro recogido y gafas grandes. Con las manos en alto trataba de detener a un hombre que estaba de espalda a Pica, vestía harapos sucios y rotos. Este individuo trataba de esquivar a la mujer que firme se sostenía frente a lo que parecía una puerta que llevaba a un lugar importante, o hacia alguien importante.

El lugar tenía olor a sala de espera. Más que olor, Pica también vio un escritorio de recepción con una silla vacía, en la que podría haber estado la mujer gorda hasta antes de la discusión con el hombre de los harapos. Detrás del escritorio había repisas con enormes libros y grandes ficheros que cubrían toda la espalda de la recepción. La sala era de un blanco perfecto y parecía no tener techo. El piso, también nevado, emanaba luz.

– Vamos a hacer una cosa, yo lo voy a tratar de localizar, y le digo que lo estás esperando – calmo la mujer al sucio hombre.

Este suspiro y se sentó en una de las sillas, echo un rápido vistazo a su reloj pulsera y luego se tapo la cara con ambas manos fastidioso.

La mujer tras observarlo, muy pero muy preocupada, se perdió detrás de la enorme puerta que hace unos minutos estaba defendiendo.

Pica sentía una enorme presión en el pecho. Y sabía que como buen loco, solo encontraba una forma de quitar esa presión: con adrenalina, dio un paso al frente y abrió la puerta. La sala no muy grande. Diviso con más claridad lo que tenía a su alrededor. El escritorio en el medio, de un lado la puerta importante, del otro lado dos ascensores.

El hombre, sin embargo, no parecía haberse jactado de la presencia del muchacho. Estaba sentado en una de las tantas sillas que estaban frente al escritorio. Vio un cartel de prohibido fumar junto a otro electrónico donde había un número grande con luces rojas, el numero era el seis. Vio entonces que al lado de la puerta que acaba de atravesar había una máquina expendedora de números. Corto uno. El siete.

Con mucho recelo y curiosidad camino lentamente y se sentó a dos bancos del harapiento, que parecía muy nervioso. El hombre saco las manos de su rostro y empezó a hurguetear en su bolsillo. Pica entonces observo por primera vez el rostro de aquel hombre. Era una cara perfecta. Quedo maravillado por aquel rostro sin poder explicar por qué. Pero algo lo cautivaba. El hombre percibió la mirada del joven. Que rápidamente cambio la dirección de sus ojos.

– ¿Qué te paso? – pregunto el vagabundo con una voz potente.

– Sufrí un accidente – dijo Pica tímidamente observando el piso – y creo que estoy muerto, ¿estoy muerto no?

– Ya casi, te falta el tramite final – contesto con tono divertido el hombre que ahora sonreía.

Pica se afligió mucho tras oír esas palabras.

El hombre, tras ver la cara del muchacho, volvió a observar su reloj y suspiro. Se levantó y empezó a caminar de un lado a otro con las manos en los bolsillos. Estaba descalzo y ensuciando el piso.

– ¿Qué te paso a vos? – lo interrumpió la voz casi quebrada de Pica.

El hombre se detuvo para observarlo. Era imposible sostenerle la mirada. El joven desistió y volvió a contemplar el suelo.

El hombre volvió a caminar de un lado a otro.

– Disculpe pero está ensuciando el piso – dijo Pica inquieto, le costaba quedarse callado en vida, y ahora descubrió que también luego de esta.

El hombre otra vez volvió a mirarlo con dureza.

– Perdón, estoy nervioso – Pica se encogió de hombros – es la primera vez que me muero.

El hombre miro para el techo, movió la cabeza de un lado a otro y continúo bufando.

– ¿Por qué lo noto apurado?

– Porque no estoy acá por lo mismo que vos – contesto exaltado y muy molesto el hombre sucio.

– ¿Y a qué otra cosa se puede venir a este lugar? – Inquirió Pica – ¿a qué te hagan masajes?

El tipo lo miro serio por un momento y luego se rio, se rio con ganas, a carcajadas.

– ¿No crees en esto no? – pregunto el harapiento sentándose al lado del chico.

– ¿En qué esto?

– ¿En el cielo, tus pecados, el infierno? – señalo el andrajoso de rostro perfecto.

– Ah, no, no nada que ver.

– ¿Y qué haces acá?

– No sé, estoy esperando que alguien me explique – apuntó Pica – ¿Che no hay forma de volver abajo?

El hombre volvió a reírse del joven, que lo miraba sonriendo sardónicamente.

– Si no crees en esto, no te vas a asustar de saber quién soy – Extendiendo una mano muy mugrosa expreso – Soy Lucifer, mucho gusto.

– Dale no jodas – expreso el joven.

– De verdad, ¿Qué esperabas? ¿Cuernos, cola, piel roja? – Se dejó caer sobre el respaldo de la silla fastidioso – todo mala prensa.

– Esperaba que este bañado por lo menos, lo otro lo podemos discutir.

– Ese es un privilegio del nivel favorecido.

– Que diablo más raro – expreso el chico mirando el escritorio vacío.

El teléfono que estaba encima del escritorio sonó.

– Responde, puede ser para vos – indicó Pica.

– No, nadie me llama acá.

– ¿Quién es la mujer que estaba acá?

– No sé, es nueva, acá las cosas van mucho más lenta que de donde venís vos, igualdad entre el hombre y la mujer, ¡Ja! Esta debe ser la primera a la que dejan trabajar.

– Allá abajo, si te cruzas con un católico, te dice que acá te recibe San pedro.

– Es verdad, pero Pedrito está en la A.R.T.

– Uh, pobre, ¿Qué le paso?

– No ni idea.

Usted se ha comunicado con la recepción del purgatorio, en este momento no podemos atenderlo. Deje su mensaje después de la señal o vuelva a comunicarse, gracias

– el mensaje lo grabo Pedro.

– Shh! Deja escuchar.

Hola Pedro, fíjate que me parece que te mandaron uno de los míos ahí

Ambos se miraron.

– Esa era la voz de Chronos – dijo el Diablo confundido – ¿Vos crees en él?

– ¡Sí! ¡Sí! – Dijo Pica exaltado, se levantó, corrió hasta el teléfono y lo levanto – ¡Hola! ¡Hola! ¡Corto! ¿Te sabes el número así lo llamo? Pásamelo.

– No tenemos teléfonos nosotros.

– ¿Y ahora qué hago?

– Tenes que esperar a que venga la mujer esa, aunque seguro va a tardar.

– ¿Porque? ¿Qué la mandaste a buscar?

– A Jesús.

– ¡No me digas! ¡Y va a venir!

– No creo, pero lo voy a esperar hasta que venga – expuso mostrando fastidio el diablo – siempre se hace rogar – y mientras Pica volvía a sentarse al lado de él le comento – Qué curioso, un creyente del tiempo, son pocos ustedes, no se los ve seguido… son raros.

– Todo mala prensa, nos estigmatizan.

– ¿Vos me vas a hablar a mí de estigmatización? Sabes lo que sufro yo. Cada vez que me asomo escucho las barbaridades que me dicen.

– Y pero vos también te la buscaste, meterte con el jefe… sos jodido.

– Vos no sabes lo que es el abuso de poder, nos explotaba hermano. Nos hacía trabajar diez horas y nos tenía anotado por cuatro.

– ¿De verdad?

– Pero ustedes que se piensan ¿se comen el verso de que hago maldades? ¿Qué soy el culpable de todo lo malo? ¿Tan débiles son? ¡Háganse cargo viejo!

– Pero si yo no te estoy acusando.

– ¡Si dicen que todos los hombres malos van al infierno a pudrirse entonces les tengo el cielo limpio! ¡Y se quejan!

– Estas enojado.

– ¡Pero como no estarlo! No es con vos – aclaro el hombre de rostro hermoso – es con los de ustedes que piensan así. Igual acá como de donde vos venís, también el poder mediático lo manejan de arriba. Por eso la mala fama, por eso me denigraron poniéndome en contra la opinión popular.

– No crees, que capaz querían purificar el cielo, ¿y por eso inventaron el sótano? Y justo apareciste vos con tu recibo de sueldo reprochando cosas. Pensalo. Cuando hay muchas nubes está todo bien, porque hay mucho espacio. ¿Pero cuando no? Quedan todos amontonados en una nubecita ¿no te das cuenta? – le discutía Pica al diablo – necesitaban espacio y apareció el cargoso.

El diablo observo a Pica conmocionado.

– No lo había pensado ¿Vos decís que tenían todo preparado y yo justo pasaba por ahí?

– Claro algo así… ¿no viste Prisión Break?

El diablo parpadeo. Y el chico sonrió.

– olvídalo, de donde vengo se usa mucho eso ¿Che no se puede volver, tengo cosas que hacer todavía?

– Hay una forma de volver en realidad, pero no sé si vas a querer.

El joven lo miro por primera vez como se mira a un diablo.

– ¿Qué hay que hacer?

– Venderme el alma.

Hubo minutos de silencio.

– ¿Para qué queres mi alma?

– No sé, pero de arriba me dicen que es la única forma de que puedo acercarme a los humanos, para ofrecerles vender su alma.

– ¿Y pero vos me volverías a la vida a cambio de mi alma?

– No hermano, yo no hago nada. Yo no sé hacer magia. Lo hacen todo de arriba pero el que pongo la cara de soy yo. No sé adónde van las almas. En el infierno no.

– ¿Y entonces que hacen en el infierno?

– Leemos, conversamos, laburamos.

– Que raro todo… y supongamos que quiero vender el alma para volver. Los papeles me los haces firmar vos.

– Sí, tengo unos por acá si queres.

Saco una hoja de tamaño importante y un bolígrafo.

– Si queres léelo y si no completa un par de datos y firma. Total ni vos vas a entender ni yo voy a saber que hacen con tu alma.

– ¿Datos de tarjeta de crédito, adjuntar fotocopia de último recibo de sueldo? ¿Esto es joda? No tengo ni tarjeta ni recibo acá.

– ¿Cómo vas a salir sin esas cosas?, nadie puede resucitar sin tarjeta de crédito hermano. Esto está complicado.

– Che esta mujer no vuelve más.

– Ahora vuelve, pero con los de seguridad, sabes cómo los conozco a estos… no dan la cara nunca.

El teléfono volvió a sonar. Y tras mirar al joven el diablo se levantó y atendió.

– ¡Si con el purgatorio! – Dijo imitando una voz femenina, Pica rio – ¡Ey Chronos! ¿Cómo estas tanto tiempo? Sabes quién habla ¿no? ¡Sí! ¡Sí! Me alegra escucharte viejo, nunca más viniste de visitas, ¡Sii! Tendría que poner teléfono es verdad pero esta carísimo, ¿Cómo lo mantenes después? ¿Qué qué hago acá? Estoy esperando a Jesús, lo fueron a bus.. ¡Che para! ¡Acá estoy con uno de los tuyos! Quisimos atender y no lle.. a ver para que le pregunto – El diablo se dio vuelta y se asustó de tener al chico atrás de él – me asustaste ¿vos te llamas Pica?

– ¡SI! Déjame hablar con él.

– No para – y dándole la espalda siguió hablando – Si lo tengo a Pica acá, yo tengo que ir para allá queres que te lo lleve. Dale, dale viejo, en un rato andamos por ahí. ¡Nos vemos!

Tras cortar se dirigió al muchacho que lo miraba rabioso.

– Vamos que nos está esperando.

– ¿Y no vas a esperar a Jesús? – dijo con tono cortante.

– Ver a un viejo amigo es más interesante.

– ¿Vos y el Dios del tiempo son amigos?

– Vamos, te lo cuento en el camino – dijo el diablo tomándolo por el hombro y conduciéndolo a los ascensores – hacia mucho que un humano no me caía tan bien

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. biblioteca62 dice:

    ¡Muy bueno! Gracias por compartir 🙂

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    1. Gracias por la lectura! 🙂

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    1. Muchisimas Gracas Daniel!! Me alegro que guste.

      Le gusta a 2 personas

  2. ¡Esto atrapa y atrapa! ¿Cómo seguirá el trámite? Veamos…

    Le gusta a 1 persona

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