False Mortem

– ¿Probaste con suicidarte o mandar a matar?

– No viene al caso, es distinto – repuso Lei – Aunque claro que no lo probé, proba vos.

– Yo ya me morí mil veces – comento Pica sonriendo.

– ¡Estúpido! no empieces con tus ideologías de cotillón.

– No te conviene, porque sabes muy bien que sos adicta a la mutilación propia – le señalo a su amiga, y luego mirando el techo de la sala velatoria agrego – pero eso sigue sin explicar tu fracaso en el negocio.

– La gente en Pocas Luces decidió no morirse, eso lo sabemos, pero ¿por qué?

– Hablas como si fueras de otro lugar, vos también podrías explicarlo.

Lei hizo un ademan con las manos mirando la sala donde se encontraban. Un ataúd vacío permanecía frente a ambos que estaban alojados en dos sillones muy mullidos y cómodos. Una luz tenue provenía de lámparas colgantes en las paredes forradas con un viejo y gastado papel tapiz de texturas al óleo.

– ¡Lo tengo! – exclamó pica estremeciendo a su amiga que no se lo esperaba.

– ¿Qué cosa? – pregunta ella.

– ¡Pone carteles! ¡Hay que activar el negocio Lei! ¡No se trata de entenderlo! pone carteles de descuento, ofrece velorios a personas a las cuáles les fallece el corazón. Nosotros sabemos de eso y mucho.

– ¿te refieres a desengaños amorosos, desilusiones, fracasos? No va a funcionar, a la gente no le gusta comentar sus desgracias.

– No hace falta que las comenten – contesto él levantándose y acercándose al ataúd – no preguntaremos porque.

– ¿Podemos empezar por vos?

– Obvio – Pica se metió torpemente en el ataúd. Y se quedó contemplando el pecho.

Su amiga se acercó hasta verlo y rio. Pica la observo confundido.

– Lei, esto no va a funcionar.

– ¿Alguna vez lo creíste? Ninguna de tus ideas funciona.

– No, no es eso – acostado contemplando el techo, continuo – ¿Cuál es el motivo del funeral?

– ¿Una despedida?

– Pero quien no puede faltar en un funeral.

– EL cadáver obviamente.

– ¡No! – Pica se sentó en el ataúd tomándose de los costados – Para que haya funeral tiene que haber gente viva Lei. ¿Para qué es el funeral? sino para que la gente viva charle, converse, se reúna… es un cumpleaños, un fin de año, o una Navidad…  termina siendo eso. No es una despedida, es un encuentro.

– A veces eres muy oscuro Pica, ¿Quién crees que vendría a tu muerte?

– Nadie ¿a la tuya?

– Tampoco, somos personas solitarias Pica.

Ambos se  quedaron en silencio.

– Creo que es eso – El muchacho se volvió a recostar – Ya nadie muere, porque cree que nadie ira a su funeral. Piénsalo, Pocas Luces está lleno de almas solitarias. Tranquilamente podrían pensar eso todos. Sala seguro que también cree que nadie asistirá al suyo.

– Ella está segura que vos estarías ahí – dijo Lei con voz socarrona.

– No, yo no iría ¿Qué pasa?

Lei se había levantado del sillón y acercado lentamente al cajón. Pica noto una actitud alterna en su amiga.

– ¿Lei, estas bien?

– ¡Tengo que irme! – La chica salió de la habitación en la que se encontraba, y luego volvió a ingresar con un abrigo – Si quieres puedes quedarte– salió por la puerta principal, y luego volvió a ingresar y mirar a su amigo – mejor no, mejor vete, no sé a qué hora vuelvo.

Pica había permanecido en el mismo lugar sin mover un musculo desde que su amiga tomo una actitud sospechosa.  Pero accedió a salir encogiéndose de hombros. Cuando estaba saliendo su amiga volvió a abrir la puerta alterada. Lo golpeo en la cabeza con la gran abertura de madera.

– ¡Perdón! ¿Estás bien? ¡Necesito que le digas algo a Coln!

– ¿Estoy sangrando? ¿Que queres que le diga?, hace un montón que no lo cruzo ni le hablo. ¡Estúpida me hiciste mal!

– ¡No! ¡No estas sangrando! ¡Escúchame atentamente! Quiero que le preguntes si es feliz sin mí.

– ¡¿Qué que que?! – Pica dejo de tomarse la frente con las manos para mirar a su amiga sin entender – No era que ya lo habías olvidado. ¿Por qué quieres…?

– ¡Chau! Solo ve ahora a decirle eso.

Y volvió a pegar un portazo.

 


 

– Si te pido esto es porque estoy desesperada – imploro Lei.

– Yo te entiendo amiga, pero ¿Que ganas con esto?

– ¡No me importa que gano! ¡No te estoy pidiendo opinión Sala!

La Bruja contemplo a Lei con tristeza, no le gustaba ver así a su amiga. Pero mucho menos acceder a lo que le pedía.  Lei estaba apoyada sobre la mesa de la habitación de Sala, estaba muy agitada y con los ojos en compota.

– Solo ayúdame, puedes hacerlo, por favor.

– Esto no es ayudarte ¡Tranquila! ¡Tranquila! Lo hare, pero quiero que sepas que esto no es ayudarte y que estoy en total desacuerdo.

Sala camino hasta quedar delante de su amiga. Esta última, levanto sus hombros y tras mirarla con firmeza cerró los ojos.

– Esto puede doler un poco.

– Estoy lista.

Tras un suspiro Sala, endureció su mirada y le clavo los cinco dedos en el pecho a su amiga. Que estremecida grito de dolor. El grito era desgarrador. A Sala se le había endurecido todo el semblante, y los ojos, normalmente de marrón puro, claro y suave, ahora eran de un rojo intenso. Tan rojo y tan intenso como la sangre que le empezaba a brotar del pecho a Lei. Eran las uñas de su amiga que estaban penetrando su cuerpo.  Los gritos se oyeron en toda Pocas Luces, una solitaria sombra en un banco de plaza se levantó asustada.

 


 

– Que lastima – hablo Pica con lamento en su voz. Sala lo observo con instigación – digo, hace unos días hablamos con ella sobre esto, no puedo creer que hoy este aquí.

– ¿Sobre la muerte?

– Si, nos preguntábamos – sonrió tristemente observando el cadáver de Lei – nos preguntábamos justamente, ¿Cuánto hacia que nadie se moría en Pocas Luces? Y viene a ser ella, no lo puedo creer.

Sala miraba recelosa el resto de la sala vacía.

– También nos preguntábamos eso – adelanto el joven al observar a Sala, otra vez sonrió lúgubremente – ¿Quiénes vendrían a nuestro funeral?

– Pusiste el cartel en la puerta ¿no?

– Si, pero qué sentido tiene, en este lugar todos son ciegos.

– Que raro que no se llegó Coln a ver el cadáver de su ex.

– Es verdad, es que seguramente no se enteró – Pica asusto a Sala con un inesperado aplauso, una mirada al cielo y una risotada tonta acompañada con las manos en la cara para luego mecerla de un lado a otro – ¿Podes creerlo? Nadie se muere porque creen que nadie vendrá a su funeral, y nadie viene al funeral por que no se enteran de las muertes. Al final estamos atentando contra el ciclo natural de la vida solo por falta de comunicación… a propósito si viene Coln, hazme acordar que le tengo que decir algo que me pidió Lei, ayer pobre.

– ¿¡QUE!? ¡¿No se lo dijiste?! – Sala se le acerco agresivamente.

– ¿Qué te pasa? ¿Qué cosa? – Pica retrocedió invadido.

– ¿No le preguntaste si es feliz sin ella?

– ¡No pensé que había apuro! – se excusó el loco con las manos extendidas – un momento, ¿cómo sabes eso? ¿Otra vez indagando en mi mente? Me prometiste que ya no lo harías.

La bruja suspiro molesta y se dirigió al cadáver de su amiga.

– ¿Qué haces Sala? – la chica le había colocado una mano en la frente y otra en el pecho al cuerpo inerte. Y empezó a hablar en una lengua rara – me asustas ¿Qué le estás haciendo?

El chico se le acerco, pero al verle los ojos rojos retrocedió despacio. Un grito se empezó a escuchar de la nada. El grito era de una voz de mujer, iba aumentando a cada segundo, era un grito desgarrador, provenía de todas direcciones, Pica observo a lo lejos como la mano de la bruja que estaba sobre el pecho de Lei empezaba a enrojecerse. De pronto, el espantoso grito entro en la habitación, ya era insoportable. Pica se arrojó contra la pared tapándose los oídos. Le pedía a Sala que se detenga, pero esta no estaba en sus cabales. Entonces, en un súbito instante en el que Pica aterrado contemplo como el cuerpo de Lei se enderezaba con una expresión de dolor en su rostro, el grito se le metió en la garganta.

La recién venida a la vida empezó a respirar con dificultad, a toser, hiperventilo también. Sala la tranquilizaba frotándole las manos en la espalda.

– ¿Y qué sucedió? – pregunto tras unos minutos, aun con los ojos cerrados.

Sala le lanzo una mirada asesina a Pica que aún seguía horrorizado, tirado en el piso contra una de las paredes de la sala.
– No funciono.

– ¿No vino?

– Hubo un problema.

– ¿Tu puedes traer personas de vuelta a la vida? – Pica interrumpió con voz vaporosa a las amigas.

– No, ella no estaba muerta.

– ¿Cómo qué no?

– ¿Cuál fue el problema? – Lei interrumpió esta vez, se había bajado del cajón, todavía muy acelerada y transpirada.

– Pica… no le hablo a Coln.

El chico observaba con mucha confusión. Observo a Sala mirando el piso y a Lei queriéndoselo comer con la mirada.

– ¡Puedes ser tan idiota!

– ¿Qué hice?

– ¡Nada! Eso hiciste, total la que sufre soy yo, ¿sabes cómo duele ese hechizo? Que vas a saber. ¡Y todo para que! Para nada ¿por qué? Porque el señor se olvidó de hablar con mi ex.

– Un momento, ¿ustedes hicieron todo esto para que Coln vuelva a vos? – Pica dirigió su mirada a Sala molesto – ¿y vos accediste?

– No me dejo alternativa, le dije que no resultaría.

– ¡No resulto por este estúpido!

– No Lei, sabes bien que no resulto porque él te olvido, no te la agarres conmigo – Pica fastidioso la señalaba con el dedo – si pudieras terminar de comprenderlo, si tan solo pudieras superarlo. Entenderías que

– ¡No tengo nada que entender! ¡Acá el que no comprende algo tan simple eres tú!

– ¿Y si ambos se calman?

– ¡Cállate! – Lei y Pica le gritaron al unísono a Sala que se mordió los labios y arqueo las cejas.

– ¡Idiota me podrías haber avisado! Fui el único que te llore.

– No hubiera funcionado, te necesitaba inocente. Para mantener la situación ante la llegada de Coln aquí.

– Yo no puedo creerlo.

– Yo le avise que me parecía una idiotez.

– ¡Vos seguí muda mejor!

– ¡No! Voy a hablar. Lei, yo sé que no te gusta que me meta en tu mente, ni en la de Coln pero no tengo más remedio que hacerlo, no puedo dejar que mi amiga se vuelva loca por un hombre. Él es feliz ahora donde está, él te amo y créeme no hay dudas de que te amo, pero necesitaba crecer y las personas a veces no dejan hacerlo en la manera que uno quisiera. Vos fuiste un salvavidas para él, él lo sabe, lo rescataste de las profundidades y lo llevaste de vuelta a flotar sobre el agua. Pero luego, llego a la orilla de una isla, y ya no te necesito. ¿Es cruel? La vida lo es ¿Es duro? Durísimo. Pero no puedo seguir permitiendo que mi amiga sufra así. Que se flagele. Lo peor es que un día estas bien, y al otro te quieres morir. Esa ciclotimia te va a matar, de verdad. Estuve pensando y puedo usar un maleficio para hacerte olvidar del dolor, solo necesito tu consentimiento.

– No, claro que no, no necesito eso. Estoy bien, solo quería probar esto – Lei se dirigió a Pica, no podía ocultar su fastidio para con el – y gracias a ti, fue en vano. ¡Te lo agradezco de verdad!

– ¡No me agradezcas nada! Después el loco soy yo ¡Chau! – Pica abandono a sus amigas tras un portazo.

 


 

– ¿Pica?

– ¡Coln! ¿Cómo va tanto tiempo?

– Acá andamos yo… – Coln era uno de los hombres más apuestos del pueblo.  Vestía un traje impecable, aunque Pica nunca sabía cuál era su trabajo. Parecía nervioso, se pasaba un sobre de mano en mano – yo te venía a ver por qué me entere lo de Lei.

Y sin más estallo en llanto.

Pica se levantó del banco del pueblo lentamente y trato de calmar al hombre.

– ¿Qué paso con Lei?

El hombre sin poder decir una palabra le entrego la carta. Pero en el mismo instante en que Pica comenzaba a abrirla. Un grito de dolor terrible se extendió por todo el pueblo como una onda expansiva.

– ¿Qué fue eso? – pregunto aterrado Coln.

– No lo puedo creer, lo hizo de nuevo.

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15 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Zoe Ruiz dice:

    Creativo, ameno e irreverente. Me encantó.
    Saludos, un abrazo

    Le gusta a 2 personas

    1. Muchas gracias Zoe!! Se aprecia tu comentario 🙂 Saludos

      Le gusta a 1 persona

  2. Me ha encantado. Muy imaginativo, y los diálogos hacen fluir la historia de manera aparentemente sencilla. Gracias.

    Le gusta a 2 personas

    1. Gracias a usted por la lectura!!
      Saludos

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  3. Me ha encantado. Imaginación, crudeza y hasta cierto humor en el dolor. Te sigo atentamente.

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchas gracias! Me alegro mucho que guste. Nos seguimos!

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  4. Y vos de donde apareciste? Mmuy buena entrada, para empezarte. Saludos

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    1. Lo mío es omnipresencia jaja. Saludos y grácias!

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  5. Verácida dice:

    Siempre creí que un funeral era un evento social para dialogar más que para despedir, un punto de encuentro; pero nunca me hubiera imaginado que lo leería en otra persona con tanto humor elegante y clase.

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    1. Muchísimas grácias! Por el cumplido 😄
      Saludos!

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  6. Mauricio Psy dice:

    Ya con esto empiezo a comprar mis pasajes a Pocas Luces para mis próximas vacaciones.

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    1. Jaja vamos a poner traslados dentro de poco

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