Despedida Final

Te pido perdón, creo que esta es la mejor manera de empezar.

Te pido perdón, se me conformó el corazón. Y yo pensaba que era imposible que me pase. Que estúpido resulta uno en cuestiones propias.

Sé que es tarde ya, pero me tengo que ir. Si ya se, vos te fuiste hace algunos años ya, no recuerdo bien.

Seis años, siete meses y veintitrés días.

Es que siempre viví a destiempo y sin contemplar la presencia física como condición de relación latente. Es así como personas que dejaron este mundo siguen conmigo y otras como vos, que decidieron alejarse, también.

Pero hasta acá llegue, hoy me toca a mí decirte adiós, decírselo al viento, al mar, o al lado derecho de mi cama.

Y es pidiendo perdón que dejo en soledad a tu espacio vacío. Porque sé que te fuiste por mí. Porque te obligue a irte.

Me costó mucho aceptar el costo de la toma de decisiones. No hay forma de avanzar sin retroceder casilleros. Es una regla que está en la caja de este juego, pero que pocos se toman el tiempo de leer y tener en cuenta. A la mayoría nos agarra con los dados en las manos, sobre la marcha, tarde.

Un poco de rencor te guardo, no lo puedo evitar.

Odio tu honestidad, tu inocencia, odio tu nobleza y tus valores altos en este mundo de mierda. Porque es por todo eso que hoy no estamos juntos también, no solo por mis errores. Es un odio impotente, un odio triste y nostálgico. Para acordarme de lo que decidí dejar atrás, es mi forma de despedirme. Mi forma de herirme.


El otro día tuve una pesadilla extraña, de esas que uno siente que dejan un mensaje.

Estaba contemplando una calle vacía, de un barrio oscuro. Lo que más me llamaba la atención, era el contraste entre las fachadas de las casas de una vereda y las de enfrente. Las casas de la izquierda lucían iluminadas, coloridas repletas de flores asombrosas y relucientes. En cambio, las de la derecha eran lúgubres entradas, llenas de humedad, hongos y basura. Sentí entonces, que una mano pequeña me sujetó mi brazo extendido. Me sobresalté al notar la presencia de un niño a mi lado, en el medio de la calle.

– Acompáñame.

Sin decidirlo me puse a caminar esa extraña calle, de la mano del extraño hombrecito.

Impaciente por mi lento caminar, me soltó la mano y corrió hacia la vereda de las fachadas iluminadas. Husmeó unas flores de un cantero, acaricio con su mano una pared de lajas brillantes y luego salió disparado hacia la vereda de enfrente. Allí se sentó unos segundos sobre un sucio charco de agua estancada, luego se levantó y paso la lengua por la pared llena de humedad. Le grité que no haga eso, pero no me hacía caso, ya había vuelto a salir corriendo hacia la vereda de enfrente, iba haciendo diagonales de una vereda a la otra. Riendo a carcajadas.

Yo caminaba en línea recta mirando al pequeño ir de un lado a otro, matándose de la risa. Cuando la poca luz del barrio me lo permitió, divise que la calle no tenía salida. Un gran galpón unía ambas veredas.

– Rápido, antes de que nos vean.

El niño abrió el portón del galpón que unía las veredas al final de la calle, y se perdió en la oscuridad del interior. Corrí hasta la entrada y me perdí en la oscuridad.

– ¿Dónde estás niño?

– Cierra el portón.

Cuando termine de cumplir con su orden la luz de encendió y contemple la inmensa sala que tenía delante mío. Me acerque hasta la pared para entender de qué se trataba. Se trataban de miles y miles de artefactos llenos de botones y comandos. Todos tenían nombres de personas. Los artefactos estaban intercomunicados entre otros mediante cables rojos. El lugar estaba lleno desde el piso al techo, separado en secciones que comprendí cuando leí “Pocas Luces” en un cartel. Me dirigí hacia esa parte de él gran salón. Y busque mi nombre en el artefacto. Aunque el primero que encontré fue el tuyo. Trate de leer las indicaciones de los botones pero estaban en japonés. Instintivamente comencé a seguir los cables de tu artefacto esperando que alguno me lleve hacia el mío. Tus amigas, familiares, pero yo no estaba. Aunque un cable cortado me llamo la atención.

El niño se apareció desde la otra punta de la habitación y empezó a tocar los botones de todos los artefactos, y a intercambiar cables. Riendo a carcajadas.

– ¡Oye niño! ¿Dónde está el mío? – le pregunte de un grito.

– ¡Delante de ti tonto!

Lo visualice, mi aparato no tenía tantas luces encendidas como el tuyo. Lo primero que pensé fue en accionar todo a la vez, y ver que ocurría, pero tuve miedo. Luego comencé a seguir los cables y me latió fuerte el corazón el ver uno conectado en mi artefacto pero que no llegaba a ningún lado, si no que estaba cortado, colgando.

Las risas del niño se volvieron a sentir, estaba yendo de un artefacto a otro, tocando botones, accionando palancas, y cortando cables con una pequeña tijera.

Estuve a punto de gritarle enfurecido pero se sintió un fuerte ruido en la habitación. Y el grito de una voz estridente. El niño se horrorizo al oír esa voz, yo me escondí detrás de una columna. Contemple en el más súbito silencio, como un hombre mayor lleno de barba blanca, vestido de una túnica vieja y gastada regañaba al niño. Le dijo que sabía que tenía prohibido caminar esa calle sin su consentimiento. Y mucho menos entrar en esa habitación. El viejo se refirió al niño con el nombre de “Destino”. Entonces el niño le dijo que no estaba solo, y que un mayor lo había acompañado.

Con el corazón en la mano por el miedo tome una decisión nada común en mí. Salí corriendo a toda velocidad de mi escondite. Pude divisar, con un golpe de vista, la cara de asombro del viejo barbudo al verme y sentir como salió corriendo detrás de mí, al igual que el niño. Pero con unos metros de ventaja llegue a mi dispositivo. Tomé los dos pedazos de cables colgando de nuestros artefactos y trate de unirlos, pero por el miedo se me resbalaban de los dedos. Los tenía demasiado cerca. Contemple las letras japonesas, los botones de colores, las palancas llamativas. Cerré los ojos, y toque algo. No vi que botón. En el mismo momento, sentí una mano helada tomar mi hombro con fuerza y me desperté en mi cama todo traspirado.


Entendí, que el destino es un niño indisciplinado y rebelde, que camina sin permiso nuestras calles de la vida. Que le encanta balancearse  de la vereda de la alegría hasta la vereda del dolor. Que nos hace sentir lo dulce y lo amargo. Y que nos altera la vida sin saber que es lo mejor para nosotros. Tal vez si sus padres no fueran tan despistados, las cosas serían más estables. Tal vez, todas nuestras penas son desatenciones de los dioses para con su hijo. No lo sé, supongo que solo fue un sueño. O tal vez no. Tal vez activé, justo antes de que me toque el barbudo, un botón ligado a la despedida final. Y por eso te estoy escribiendo esto.

Ya es hora de irme, y quien te dice que en otro descuido de los dioses, el destino vuelve a unir el cable rojo que nos conectaba.

Chau.

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23 Comentarios Agrega el tuyo

  1. melbag123 dice:

    Genial tu idea del destino. Excelente relato.

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  2. muy bueno gracias por compartir

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  3. macalder02 dice:

    Un relato fascinante.

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    1. Gracias, me alegra mucho que guste!
      Saludos!

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  4. Reblogueó esto en Directas & Indirectasy comentado:
    Totalmente recomendado el viaje a Pocas Luces, no olviden visitarlo durante el día.

    Le gusta a 1 persona

    1. Muchísimas gracias por eso!
      Se agradece de corazón.
      Saludos

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  5. Cómo siempre me sacó el sombrero ante usted. Y no digo más que simplemente no se puede. Sólo por curiosidad… usted no tiene la dirección de esa bipolar avenida, ¿verdad?… ¿verdad?

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    1. Jaja gracias… Nunca se responder a los elogios, solo atino a poner las mejillas coloradas como los niños. Y respecto a la avenida, creo que todos estamos perdidos en estas calles, solo que bajo determinadas decisiones y situaciones logramos notarlo.

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      1. No responda, no es necesar… bueno sí, puede siempre responder con otro texto igual de maravilloso. Ese sería un buen círculo vicioso.

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  6. Que manera de captar los vaivenes de la vida mediante los dos lados de la calle y que buena metáfora la del destino. Me encanta tus escritos. ¡Grande!

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    1. Muchas gracias!!
      Me alegro que te guste, gracias de verdad 😄

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  7. Poli Impelli dice:

    Me encanta. Las metáforas, los mensajes, las imágenes. Sigo compartiendo 🙂 (mates, también).
    Abrazos infinitos!

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    1. Mientras no falten los mates, no hay problema 🙂
      Gracias por la lectura, abrazos!

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  8. Arpon Files dice:

    “Es que siempre viví a destiempo y sin contemplar la presencia física como condición de relación latente. Es así como personas que dejaron este mundo siguen conmigo y otras como vos, que decidieron alejarse, también”…. Profundo y real… actitud que comparto absolutamente y creo que muchos andamos por ahí actuando igual…

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    1. Muchas gracias por todo.
      Por la lectura, por enlazar el texto y por el lindo comentario. Deben ser pocos los que están exentos de vivir a destiempo.
      Saludos y gracias de nuevo!!

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