La casa de la perspectiva.

– ¿Cómo se te ocurrió?– le preguntó Pica, por enésima vez.

– Ya te lo dije, así, como se supone que ocurren estas cosas. Así. – ella se reía mientras hablaba.

Ella se reía. Pero se reía como antes, de verdad. No había muecas de mandíbulas trabadas y dientes exhibidos para demostrar alegría. Era sonrisa de boca abierta, de ojos llorosos y de cara de idiota. Ella volvía a ser feliz.

– Aunque no lo entiendo, tengo que admitir que se te ve bien.

– Esta es la mejor  terapia que encontré, y vos sabes todo lo que intente, asique imagínate.

– Entonces ¿Es cierto?, ¿es la distancia una cura infalible?

– La distancia y la soledad. Vení, mirá esto.

Me llevo hasta el ventanal del living y salimos al balcón. Lo que se veía era una libertad sofocante. Suspire, ella me miró como quien muestra su más preciado tesoro.

– ¿Y? ¿Qué te parece? Dos días, dos días quédate solo en esta casa, en el medio de la nada, con esta vista. Vas a sentir a todos tus problemas tan minúsculos e insignificantes, que te vas a empezar a reír de lo imbécil que te sentías por sufrir así. Así es la vida en realidad. Así son los problemas en realidad. Solo una mala perspectiva. Si lo observas desde acá, todo cambia.

– Creo que casi nadie en Pocas Luces conoce esta casa oculta en el bosque con vista al lago.

– Así es Pica, es por eso que pienso quedarme a disfrutar todo lo que pueda – dijo Lei mirando el lago, desde la altura de la casa del bosque – ¿Sabes a qué conclusión llegue?

– No, pero vamos, deléitame.

– Elaboré la teoría de que la proximidad, genera problema de miradas.

– ¿De miradas? ¿Cómo es eso? – interrogo Pica a su amiga.

– De miradas, en la proximidad las personas enfocan su mirada en el que tienen al lado. Y al mirar, se comparan. Compararse es algo automático del cerebro, una actualización de los alienígenas, seguramente. No hay cerebro que en la proximidad no se compare. Mientras mira, compara. El vecino tiene un auto más lindo, la compañera de trabajo es feliz con su pareja y viaja al caribe. El Primo es jefe de una distribuidora y vive de lujo en lujo. Y uno ve, y se deprime. Compara, por más que le agrade esa gente, por más que los felicite, por dentro, compara. Mirá. ¿Ves alguien más rico que yo a 50 kilómetros a la redonda?, ¿más feliz? La felicidad es eso, como la vida, como los problemas, perspectiva.

Pica rio mirando la nada.

– Estas loca, pero loca feliz. Y me agrada volver a verte así. Sé que sufriste mucho por los de Coln. Y verte ahora, con esa sonrisa, revitalizada. Es lindo. Ahora vamos, volvamos al pueblo.

– Quiero quedarme unos días más.

– No Leí, en marcha, vamos antes de que oscurezca.

Le costó convencerla pero después de un buen rato lo logró. La ayudó a juntar sus pertenencias que había esparcido por la hermosa casa de madera. Y se dispusieron a salir.

– Algún día voy a volver – exclamó ella, desde la puerta de la cabaña.

Pica había salido primero y se volvió para contestarle a su amiga.

– Algún día, pero solo si lo necesitas.

Lei propino un paso afuera de la casa, y entonces el llanto brotó. Pica la miro sin comprender. Lloraba como si se estaría muriendo, se arrodilló en el piso. Pegaba puñetes a la tierra, insultaba. El muchacho se agacho para ayudar a su amiga pero esta lo empujó. Estaba desencajada, y Pica no entendía por qué. Hace instantes todo era sonrisa encantadora, vida nueva, perspectiva.

Ella como pudo, doblada al medio comenzó a arrastrarse lentamente hasta la entrada de la casa. Cuya puerta estaba abierta. Al alcanzar la entrada de la casa. Como por arte de magia, el dolor cesó. Todavía jadeante se levantó y miró a su amigo, que la observaba con la boca abierta.

– ¿Qué significa esto?

– No lo sé, traté de dejar esta casa en tres oportunidades con esta. Y siempre ocurre lo mismo. El dolor vuelve, los recuerdos, Coln – Lei se tomó la cabeza, preocupada – estando acá estoy bien, pero no sucede cuando trato de irme.

– ¿Te quedaras atrapada viviendo una falsa realidad?  ¿Saldrás a afrontar el dolor real de la vida?

Ella pensó un momento mirando a su amigo a los ojos.

– Espérame un momento.

Tras decir eso giró y se perdió dentro de la casa. Al cabo de unos minutos volvió con un papel en sus manos.

– Toma, si me consigues estas provisiones tengo para un mes. Vuelve dentro de ese tiempo a verme y veo si necesito algo.

– Bien, ¿esa es tu decisión final?

– ¿Final? El final es una perspectiva, no es real.

Y cerro lentamente la puerta, con una sonrisa real, como las de antes, en su rostro.

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12 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Odiosas comparaciones…

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  2. Interesante relato. ¿Hay para después?

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    1. Siempre puede haber algo… 😃

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      1. Espero que si, eso quedó pendiente… Aunque es cierto, puede ser que le guste más la soledad… Resuelvelo

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  3. Mmmmmm…para pensar. Me encantó!

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    1. Me alegro que te haya gustado! Saludos

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  4. Gabriela Amay dice:

    Perfecto ❤ me encantó

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    1. Muchas gracias Eli!
      Nos leemos.

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      1. Por supuesto, Gracias a ti.

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  5. Muy bueno, te invito a mi sitio.escribo un libro online basado en un HECHO REAL. ¿Te atreves a conocer a Samanta? No te quedes en una entrada

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