Omitidas.

 

Juzgaremos al que mata, por su vestimenta.

Al que viola, por qué peinado usa.

Y al Juez y al sistema que lo ampara, por qué vehículo maneja.

Juzgaremos a los criminales, como se juzgan a las víctimas,

para lavarle la cara al estado ausente.

 

Ella no eligió usar falda corta para seducir a la muerte. No exhibió su escote para que la mire el dolor. No se peinó para conocer a la impunidad. No se maquilló pensando gustarle al atropello. Ella se vistió así, para que la violen a cosquillas, para que la maten a besos, y para que la aprieten con todo el amor del mundo.

 

Omitidas.

Las despojaremos de lágrimas y tristeza.

Las llenaremos de fuerza y de lucha.

Y las creeremos libres.

 Porque toda forma de sospecharlas libres es, al fin  al cabo,

el mejor recuerdo para estremecer al olvido.

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