La suerte está echada, los A.A. (Parte 1/2)

Cuando era adolescente, un día común, una salida como cualquiera. Se me paro una chica adelante y fue un antes y un después. Inmediatamente mi cuerpo empezó a revolucionarse de maneras extrañas: Sudoración, excitación, tartamudeo, tropiezos, balbuceos.

El médico me dijo que no era para medicación, pero que volviera a verla para comprobar si realmente era ella la causa de la alergia o simplemente fue una casualidad.

La semana siguiente se produjo la misma situación. Ella. Miradas. Antes y después. Y los problemas antes mencionados estuvieron acompañados por un ligero atontamiento acompasado por una risa excesivamente idiota.

Esta vez fui medicado con ibuprofeno 600 durante una semana. Pero abandone el tratamiento el día miércoles cuando me desperté pensando en ella y durante el desayuno perdí medio alfajor dentro del café con leche.

Problemas de atención, de audición, escolares, me llevaron a hablarlo con un profesor. Cuando le conté lo sucedido el adopto una postura diferente a la de siempre, me prestó atención, y me dio una tarjeta. Me dijo que nos encontráramos el viernes por la tarde en esa dirección.

Al viernes llegue con un moretón en pómulo y rodilla, por una caída estúpida. El lugar era un teatro viejo. Entre tímidamente y desde la oscuridad del ingreso vi en el medio del escenario unas diez o doce personas sentadas en círculo.

Uno de ellos hablaba llorando, era mi profesor.

“Pensé que me saludaba a mí (llanto), pero me dí vuelta (ruidos de mocos), y estaba saludando a otra profesora (moco, llanto y ahogamiento en propias lágrimas y moco)” Por lo que entendí, él estaba padeciendo lo que yo, con su compañera de trabajo, es decir, mi profesora de lengua y literatura. Y ella lo ignoraba por completo, y tenía marido. Hijos también… creo.

Todos lo alentaron tristemente mientras él se secaba las lágrimas y mocos con los puños del buzo.

Al lado de él, una señora gorda señalo una situación similar, pero sin llanto, si no con bastante frustración.

“Me dijo que necesitaba contención, alguien que lo quiera bien, que lo cuide (mirada cínica señalándose con sus propias manos), le dije “yo” Se rió a carcajadas y me golpeo amistosamente la espalda. Nosotros somos amigos, me dijo, además sos muy buena (mirada a la nada, de indiferencia)”

“Yo sé que ella está muerta por mi (arranco a hablar un pelado, de la nada), me lo confeso su prima, ellas son intimas amigas. Pero no puedo (bufido, manos en la cabeza), no sé cómo (golpe de puños en la cabeza, algunos se preocupan), no sé cómo arrancar.

La señora gorda se levantó y lo abrazo, el pelado se dejó caer en sus brazos y entre llantos repetía “no sé cómo, no sé cómo”

Esa gente estaba identificando mi problema, evidentemente compartíamos síntomas.

Cuando estuve a milésimas de dar el paso hacia la luz y llamar la atención del grupo. Una suave voz me paralizo. Era ella, estaba en el grupo. De espaldas a mí, encapuchada. El alma me trompeo el corazón para que vuelva a arrancar porque también se había frenado. El alma me salvo la vida.

“El me gusta, me genera cosas en el cuerpo (me sudé todo), yo lo miro todo el tiempo (el alma me sostenía el cuerpo) pero él se asusta y se va (el alma me metió un cachetazo, la gorda creo que lo escuchó porque miró hacia la oscuridad donde me encontraba)”

Hui, desesperado. Con una mezcla de satisfacción y de terror.

Crucé la avenida con el semáforo en verde. Por suerte las ruedas del camión de basura solo me pasaron por las piernas. Y la rueda del colectivo del otro carril solo me peinó. Los meses de recuperación me ayudaron a hondear en mi tema. Estaba enamorado.

“El enamoramiento es un estado emocional producto de la alegría, en el cual una persona se siente poderosamente atraída por otra”

Googlearlo me llevo a esa definición. Y a entender la inacción de los medicamentos en el tema.

Seis meses después me dieron el alta.

Ella se había puesto de novio con un amigo mío. Me obligue a intentar esquivar a ambos todo el tiempo que pudiese para no volver a pasar por lo mismo y menos ahora, con esta situación.

Le conté a mi profesor lo sucedido, que no me anime entrar, y que cuando salí fui impactado por que los conductores “no respetaron el semáforo”.

Le pregunte por el pelado: “Ella se cansó de esperarlo, y él volvió con su novia de la infancia, la única que tuvo”

La gorda: “Valientemente se alejó de él, aunque todavía recibe sus llamadas y mensajes pidiendo una explicación a su mejor amiga”

Y tímidamente le pregunte por él y la profesora de lengua y literatura, restándole importancia me dijo: “Salimos dos o tres veces, pero no era lo que esperaba. Me enamoré más su idealización”

Cuando me estaba despidiendo, le pregunté si la chica de capucha todavía seguía asistiendo: “Si, ella no se pierde una reunión, ahora dice que se posiciono más cerca del chico que le gusta, aunque no sabe que puede salir de esto”

Cruce la avenida con los ojos en la nada.

La experiencia es un bicho raro, ahora toco de oídos los ruidos de los vehículos. Ahora me aprendí de memoria que este sarcasmo que llamamos vida, mira todo lo que planeamos como nosotros miramos correos no deseados, descartándolos sin prestarle la más mínima atención.

Un día antes de la reunión de la próxima semana me encontré al profesor.

“¿Vas a volver a los A.A?” Ante mi cara de desconocimiento, agrego. “El grupo”

Le dije que no sabía todavía, que tenía rehabilitación, mentira. Pero le pregunte por qué A.A.

Se sonrió. “¿Todavía no entendiste no?”

Sí, le dije, estamos enamorados de personas que nos ignoran.

Negó con la cabeza y acercándose me susurro. “No amamos personas, Amamos momentos, fragmentos, lo que fuimos en ese destello del tiempo frente a esa persona, lo que planificamos en ese momento junto a ella o el, lo que deseamos en ese instante; la eternidad, lo que nos hace volar la cabeza cuando lo recordamos, esa ausencia de fatalidad y muerte en ese santiamén. Somos Amantes Anacrónicos. Tú no estás enamorado de la chica de capucha ¿Cómo puedes enamorarte de alguien que ni sabe tu nombre, que nunca te ha hablado? Tú estás enamorado de lo que te genera su presencia, de lo que lees en su rostro. Quizás si sales con ella no te seduce, te aburre, o le puede pasar a ella, o ignorarte para siempre. Sin embargo ya entraste en el limbo de la anacronía, y aun no hallamos la forma de escapar. ¿El grupo? Terapia para tratar de entenderlo”

 

 

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8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Daxiel dice:

    Amante anacrónico, quien no lo ha sido…?

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    1. Es como una etapa: Niñez – Adolescencia – Amante Anacrónico – Adultez. 😂

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  2. Un relato sutil y también muy perturbador. “Amamos… lo que fuimos en ese destello del tiempo frente a esa persona.” Parecería que al final simplemente tenemos la suerte (o desventura) de amarnos a nosotros mismos, siempre. Lo cual, posiblemente nos dirige a otra conclusión, o a otra pregunta: todos somo uno y el mismo, experimentándonos desde distintos egos? ¡Me encantó este post! Gracias, amigo, por compartir 🙂

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    1. Gracias a vos por la lectura y el genial comentario! Realmente llegue a esa misma conclusión ¿al fin y al cabo, amamos realmente algo por fuera de nosotros? La única respuesta que encuentro no se basa en este “amor”, si no en el de un hijo.

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  3. Me ha encantado, gracias por compartir.

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    1. Me alegro mucho, gracias!
      Saludos!!

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