Sólo un segundo de los miles del instante.

Nostálgica resulta

la vida del pensante,

al asumir que solo un lugar habita,

y un idioma conoce.

Y presume al mismo tiempo,

que el amor y el arte

de maneras diferentes

por el mundo de reparten.

No vive uno más de un segundo,

de todos los segundos que pasaron en otro sitio

al mismo tiempo.

Tiempo…

Engañoso y mañero tiempo.

Te agarra siempre a contramano,

queriendo formar parte

del arrabal de la vida.

Cada segundo que pasa

lo dejan a uno más sólo.

Incomprendido modo de solventar los gastos,

de un sueño ñato que anhela del tiempo una cuerda,

que no deje que se pierda el más mínimo detalle,

y no esté mismo instante 

de miles de momentos 

ciegos de ojos propios.

Queda vivir la vida del amante taciturno.

Silencioso como el árbol que se acuesta,

en un bosque sin ojos que lo observen.

Y arde la vida a raja tabla,

aunque su mirada parezca enclence. 

Entendió que ser feliz,

es pensar un poco menos, y besar un poco mucho.

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