Ignorar

Hasta hace tan sólo un par de parpadeos. Llevábamos, como especie, la bandera del geocentrismo creyendo que éramos el centro del inmenso cosmos. Luego, esa hermosa mujer llamada Universo, nos dio la bofetada más grande de nuestras vidas. No solo que no somos el centro, si no que al universo le importamos una mierda y que nada cambiaría si dejamos de existir.

El amor no correspondido más grande de la historia.

Conviví con la ignorancia demasiado tiempo.
Hace poco le grité que me iba de casa, que está convivencia ya no era viable.
Ella me dijo que por más que nos separemos jamás se alejaría de mí.
Y aunque me fui, ansiando volverme un tipo inteligente y sabio, recién ahora que ha pasado tiempo entiendo sus palabras.

Ya no estamos juntos, pero ella sigue en mi de la peor forma posible.
Como la mayor certeza y sabiduría de la ignorancia.
Ella parecería susurrarme al oído con su boca ausente, que ignorar no es inocencia del desconocer. Que la verdadera ignorancia siempre radica en conocer y tener muy claro, que no alcanza unan vida para que la ignorancia sea más chica que la certeza.

Y la única sabiduría que podemos ostentar los mortales, es limitarse a nadar en cuyos fondos de piscinas nuestros pies pueden tocar, dejando nuestra cabeza afuera del agua.

Será por eso que disfruto sentirme un ignorante y vivir como tal. A andar por la vida con esa altanería y esa soberbia que padecen algunos, que solo la explicaría ignorar que ignoran.

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