Hilo Rojo (parte 1/2)

Esta historia comienza en 1996, cuando en una casa de Pocas Luces, una niña se despierta en medio de la noche y descubre un delgado hilo de color rojo intenso, enredado en un dedo de su mano izquierda.  Inmediatamente saca debajo de las sabanas su mano derecha, para tratar de desenredarse esa nueva aparición pero descubre entonces, que en la otra extremidad también colgaba un hilo rojo. Se sacó las sabanas de encima y vislumbro con la poca luz que entraba de la ventana, un enmarañamiento de hilo por todos lados. Por más que intento se dio cuenta que era imposible sacárselo de sus dedos. Decidió luego tratar de acomodar el lio de nudos de hilo que había descubierto en su cama. Solo al terminar de acomodarlo lo más prolijo posible, noto que ambos hilos se escabullían por las hendijas de la ventana baja. Pego el rostro en el vidrio y noto que se perdían en el medio de la inmensidad del afuera.

Sintió entonces la necesidad de seguir los hilos de sus manos. ¿Qué era aquello? ¿Se lo tenía que decir a sus padres? ¿O debía en cambio salir de su casa a escondidas por la ventana y alejarse persiguiendo ese extraño nuevo hilo?

A Gina le bastaban sus cinco años para conocer el miedo de la gente grande por lo que rompe su monotonía. Temió entonces que al mostrarles a sus padres el hilo, estos decidieran cortarlo y terminar la historia ahí, como si nada. Como si esa noche nunca hubiera sido distinta a ninguna otra. Pero Gina tenía la valentía que promueve la inocencia, algo extinguido en los adultos. Hablo entonces con el único que podría ayudarla.

Tomo la decisión más importante de su vida. Se vistió, se puso sus botas de lluvia. No llovía pero a esa hora el rocío abundaba por todas partes. Se calzo su mochila, antes de salir fue hasta la habitación de sus padres. Dormían, ella tapo delicadamente a su mama, acomodo las gafas de su papa que estaban al borde de caerse de la mesita de luz, y luego salió sin mirar atrás. Volvió a su habitación, donde coloco bastante alimento a sus peces, acomodo un poco su escritorio, cerro su cuaderno de tarea y observo todo a su alrededor.

Dispuesta a salir de una vez, se dirigió a su armario y abrió las puertas.

– Vamos, es hora.

– No deberías hacer eso – susurro la voz de un niño.

– Si, lo hare. Y tú vendrás conmigo – objetó la niña.

– Por supuesto que iré, siempre te seguiré.

Gina salió primero por la ventana. Y luego ayudo a su amigo.

– Cuidado, no te enredes con mi hilo – le aviso la niña, empezaron a caminar por la avenida, Gina iba recogiendo el hilo en sus manos con bruscos movimientos de muñeca.

– Nunca lo hice.

– ¿Qué decís? Si esto recién me apareció hoy.

– Gina, el hilo rojo siempre estuvo ahí. Solo que antes no lo veías.

La niña se encogió de hombros. Y después de mirar de reojo al misterioso niño, susurro “mentiroso

– ¿Sabes qué es?

– Tengo una idea – dijo el niño – pero algo me confunde.

La niña se detuvo, Tom nunca tenía dudas, ni se confundía.

– ¿Explícame eso?

Tom titubeó pero accedió.

– Mira… hay una leyenda, que habla sobre in hilo rojo que une a dos personas que están destinadas a estar juntas sin importar tiempo, ni distancia.

– ¿Estás diciéndome que este hilo me une con mi novio? Yo ya tengo novio, es Pica mi compañerito de primer grado.

– No Gina, esto es más grande. No es Pica. Este hilo lleva más lejos.

– ¿Hasta el infinito?

– Tal vez, pero lo extraño… es que tú tienes dos hilos. Las personas solo tienen uno.

– ¿Estoy destinada a estar con dos personas? – pregunto Gina extrañada.

– No sé, pero supongo que lo averiguaremos.

Caminaron en silencio durante un buen tramo. Hasta que notaron que el hilo se perdía en el bosque de Pocas Luces.

– ¿Tendremos que entrar ahí? Nadie recomienda entrar en el bosque.

– Lo sé, pero quiero averiguar mi destino. ¿Cuento contigo Tom?

– Sabes que no tengo otra opción que ir contigo – replico el chico – aunque tengo que advertirte que hay muchas chances de que no salgamos con vida de ahí.

– Si es así, entonces significa que mi destino era morir de esta manera. Y tú y yo solo lo estamos retrasando, en marcha.

Gina se adelantó y su misterioso amigo la siguió con pocas ganas.

El bosque era intenso y los caminos intransitados desde hace un largo tiempo habían perdido sus marcados surcos. La niña seguía enroscando el hilo a medida que avanzaba. Lo hacía con mucha dificultad, no así Tom, que parecía moverse con parsimoniosa elegancia.

– Tengo un poco de miedo Tom, ¿faltara mucho?

– Como saberlo, todavía estamos a tiempo de volver si lo crees conveniente.

– No tenemos opción Tom – objeto la niña – Siento que esto le va a doler a Pica, el me ama.

– No lo sé Gina, lo eh visto armando rompecabezas muy entusiasmado con la nenita de la sala verde. Esa que no te cae bien.

– ¡Sala! Esa nena me da escalofríos, es rara.

– Sí que lo es.

– ¿Cómo sabes si nunca la has visto?

– Pues tú me has contado ¿lo olvidas?

La niña giro para observarlo. Lo miro de arriba abajo y luego siguió caminando torpemente. Llevaban un buen rato pero el hilo no parecía terminarse.

– Eres raro Tom, tan raro como Sala. Cuando volvamos lo charlaremos tranquilos.

– Todavía no entiendes que no volveremos.

Gina tropezó con una rama. En la caída su pie derecho quedo atrapado entre dos rocas que provocaron una fractura muy dolorosa. La niña grito de dolor.

– ¡Ayúdame! ¡Me duele mucho!

– Lo siento, no hay nada que yo pueda hacer.

– Acaso no eres mi amigo.

– ¿Lo soy?

– ¿Qué pasara conmigo?

– Tu cuerpo le pertenece al bosque ahora, pero tu alma lo rondara por siempre.

– ¿Ya te vas?

– No tengo más nada que hacer acá.

– Te puedo pedir un favor.

– ¿Cuál?

– Quiero saber adónde conducen los hilos.

– Yo no puedo ir, pero se de alguien con el potencial idóneo para ayudarte, pero tendrás que esperar varios años.

– ¿Cómo sé que me ayudaras? – interrogo la moribunda niña.

– ¿Acaso no somos amigos?

– ¿Lo somos?

 


 

Veinte años hacia adelante.

Sala estaba en su casa con los ojos en blanco. Hablando en un idioma ilegible para Pica, que estaba tratando de oír detrás de la puerta de ingreso.

– ¡Sala! ¿Me llamaste? ¿Que quieres? ¿Estas ahí? – ya no trataba de oír, solo golpeaba la puerta – ¡Vamos estoy ocupado! ¿Sabes? Estoy… haciendo muchas cosas ¡Sí! Y estoy atrasado. ¡Sala!

El chico se asustó cuando la puerta se abrió y la muchacha apareció.

– Acompáñame al bosque.

– ¿Bosque? – Pica abrió los ojos – ¿al bosque? enloqueciste.

– Ese fuiste tu, ¿lo olvidas?

Pica lanzo una risa irónica.

– Vamos, es hora.

– No deberíamos hacer esto – susurro la voz del chico.

– Si, lo haré. Y tú vendrás conmigo – objetó Sala.

– Por supuesto que iré, siempre te seguiré.

 

 

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18 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mauricio Psy dice:

    Quedo atento a la segunda parte.

    Le gusta a 1 persona

    1. Esperemos estar a la altura! jaja
      Saludos Mauricio

      Le gusta a 1 persona

      1. Mauricio Psy dice:

        La altura ya viene estando hace tiempo 😉

        Le gusta a 1 persona

  2. Malvado ego dice:

    Wow esa historia oriental del hilo me trae tantas dudas gran relato me tuviste con el alma en un hilo

    Le gusta a 1 persona

    1. Me alegra que haya gustado!
      Gracias por la lectura!
      Un gran abrazo

      Le gusta a 1 persona

  3. Jesma dice:

    Pasadisimo👏👏, espero la segunda parte

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    1. Muchas gracias!
      La estamos horneando 😁

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  4. estrf dice:

    Con muchas luces
    alejado de la mediocridad,
    el relato promete…
    espero con impaciencia
    lo que nos traerá.

    Gracias por pasar por mi blog, ese sí que es humilde y sin luces… y ahora me quedo un poco por aquí.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por los elogios
      Quédate el tiempo que quieras
      En Pocas Luces hay hospedajes al alcance de cualquiera
      Yo sigo visitando el tuyo mientras tanto.
      Abrazo!

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  5. Poli Impelli dice:

    Y aquí me quedo tomando mates… esperando sabe qué sucede con los hilos rojos 🙂

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    1. Convida entonces che!
      😄😄😄

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      1. Poli Impelli dice:

        Ya pongo otro termo…

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  6. Hola Fabian, gracias por leerme, pero tu cuento es sensacional, vamos por el segundo, un gran abrazo.

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    1. Muchas gracias Miguel!!
      Nos leemos, abrazo.

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